domingo, 4 de septiembre de 2011

invitación

Te propongo un juego.

Vamos a ralentizar un momento, el que quieras y más te aporte. La única condición es que sea nuestro...tuyo y mío.
Tú y yo somos los jugadores. La tierra, el asfalto, las flores, la brisa, el silencio que sin darnos cuenta se produce en nuestro cuerpo, alguna respiración a la que le quitamos el sonido; el sol, las nubes, los pasos y voces de fuera insonoros...no solo eso, si no que también lo ocurrido en el día en el que jugamos, el anterior, el anterior del anterior...todo eso, que forma parte del juego, no es más  que un decorado. Un marco. Nuestro marco. Un marco el cual al rozarlo con los dedos se pone el bello de punta al transmitir exclusividad, unidad y sencillez.
Es tan sencillo que si lo miras por fuera no transmitiría nada. Excepto a tí y a mí.

Dentro del marco  estamos  jugando a no salirnos de ahí y mantener lo que nos transmitimos con un simple abrazo. Todo; la sonrisa, lo que no se ve porque cerramos los ojos por un instante aún teniéndolos abiertos...

No está permitida la existencia de un árbitro porque nuestro árbitro son las emociones. Y te recomiendo que guardes la técnica de guardar el olor de lo especial para que pueda usarla cuando quieras cuando en algún momento.

En este juego no importa el qué dirán, ni la equipación, ni las zapatillas. Nos amortigua el aura que nos rodea de todas las opiniones ajenas a las arbitrales.

Sé que parece complicado, pero es tan fácil como que te atrevas a darte en un abrazo y centrarte en respirar.

No se si cualquiera podría atreverse a intentarlo, pero a tí, a tí, a tí, te sobran los motivos, el amor, el cariño, y la sensibilidad.

Te invito...

1 comentario:

Anónimo dijo...

maldita dulzura la tuya
maldita dulzura la tuya
maldita dulzura la tuya