lunes, 16 de mayo de 2011

Unforgettable, Amigos, Birmingham

Me está encantando este mes.

Estoy desaparecida en combate.
Estoy centrada en mi trabajo y en los varios cargos que tengo. Además de estar en Comisiones, también estoy de acompañante con un grupo de 22 americanos de UAB, la universidad donde pasé el mejor semestre de mi vida. No sé si me influye que esta gente ha andado por donde yo, o que conocen los mismos sitios por donde salía...no sé, pero al volver a Jaén yo supe que poca gente soportaría que yo hablara mucho de Alabama. Con esta gente no tengo límite. Me encanta ver lo diferentes que se sienten en Jaén porque es igual que yo me sentía en Birmingham.
Me muero con la manera de hablar que tienen, cómo relían la lengua al hablar, su curiosidad por todo y por mí, la manera en la que nos llevamos todos...me tratan y los trato como si nos conociéramos de toda la vida, y a mí eso me da la vida. Además, ver la cara de Miguel Ángel y su implicación con ellos, también me da alegría. Ellos han hecho que yo en un par de días vuelva a sentir a Miguel como mi hermano y me haya muerto de risa.

También me acaba de comentar una amiga que me ha visto con el grupo de americanos, rodeada por ellos y con cara de estar muy implicada. Yo decía que quiero que se sientan super bien, y ella me respondía a mis comentarios de 'freaky' a mí misma que tengo arte. Eso me ha alegrado también,porque resulta que una mujer que se supone que me conoce mucho menos que la gente con la que me he rodeado muchos años, me conoce mil veces más que ellos y no se limita a decir que soy 'demasiado social'.

Pero ella no ha sido la única.

No sé...reconoceré que tengo miedo a echar de menos también a esta gente. Este grupo está muy bien...y yo estoy loca. No sé porqué lo flipo tanto...

lunes, 2 de mayo de 2011

Mi juego,nuestras reglas

Vamos a jugar que nunca oíste mi voz, que no sabes cómo sueno cuando estoy feliz, triste, o recién despierta, o cuando estoy seria.
Vamos a jugar a que me miras y sabes qué estupidez tengo en la cabeza.
                              A que cuando viajamos, no tienes preguntarme en qué pienso cuando miro a la nada,
o que cuando me río sola automáticamente te ríes conmigo.

También podemos jugar a mirarnos de refilón y no tener que decir cuando me ves recién levantada que si me pasa algo.
                       ¿Y si jugamos a darte un abrazo con el que abarcase tus problemas y los míos y los hiciéramos desaparecer nada más con la intención de dárnoslo?

Tampoco debemos de abrir la boca cuando no tengo ganas de explicar que me pasa, porque tú como nadie sabes que a todo le saco el lado positivo  y que mis cabreos son fugaces.

    Me encantaría que supieras mis reglas cuando sé que algo hay que hacerlo como quiero y te digo. Como esa de que odio tener que decir NO más de una vez si lo digo firme.
                                 Me haría bien que supieras que no te llamo porque no quiera, si no porque no puedo. Sin voz  intuirás que te protejo y que me protejo, solo con hechos.

Que fueras capaz de hacerme sentir bien con solo dedicarme una mirada cómplice.


Enmudeceríamos lo evidente y haríamos que cuando nos escucháramos provoquemos que la piel no se nos ponga de gallina, pero es que, por si no lo sabes, sienta mejor cuando tu corazón se dilata de alegría al escuchar una mínima palabra, y no un discurso vacío.

Tengo el tiempo del mundo para no tener que abrir los ojos contigo, desconocido.